hpolleyphotography:

Pictorial Webster’s: Inspiration to Completion

“From the discovery of the 1898 International Dictionary to linotyping the entries to printing the last print on the vandercook to cutting the fingertabs of the deluxe edition, this video gives a quick overview of the process of creating the Pictorial Webster’s fine press edition.”

A reminder that handmade books are sensual objects. You will never find this experience with your Kindle.

Sobre el quehacer editorial en el siglo xix.

theparisreview:

Gay Talese’s outline for “Frank Sinatra Has a Cold,” 1966, written on a shirt board.

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Gay Talese’s outline for “Frank Sinatra Has a Cold,” 1966, written on a shirt board.

Si tenores y sopranos funcionan admirablemente en el teatro frívolo, en los otros ámbitos, los del tugurio, el burdel, el cabaretucho, las fiestas de vecindad, el departamentito con tocadiscos y radio que «decoran el alma», se requiere otro sonido, más ferozmente íntimo, más cercano a las vivencias de sus oyentes, que reemplazan la búsqueda de la perfección con el desbordamiento del estilo.
Dedicado a “mi” patriotismo

Más de una vez me he encontrado deciendo “mi” selección. Así, poniendo aquel deprimente pronombre posesivo antes de algo que nada tiene que ver conmigo. Así como cuando los jugadores de fútbol dicen que ganan gracias a “mi” Dios y otro montón de sandeces plagadas de frases que contentan a periodistas y no dicen nada. 

Por eso, en este momento de patriotismo exacerbado donde más de uno toca vuvuzelas en las calles y luce con ese orgullo barato la camiseta de un equipo de fútbol juvenil que nadie exhibiría de no ser por la explosión mediática para vender boletas en un mundial de fútbol que en el que Colombia juega de local, quiero dedicar estos párrafos que aunque hablan sobre el fútbol en general, bien pueden aplicarse a ese patriotismo inflado.

Es entonces cuando me pregunto: ¿tan necesitados estamos de una alegría nacional, que nos comemos como identidad lo que tan descaradamente nos ofrecen los medios? Con la cotidiana violencia debería bastarnos.

Por pura solidaridad, en memoria tal vez de los antepasados lucumíes de aquella Cuba tan poco futbolística en la que vine al mundo, me encapriché con Camerún. Y quizá por eso no he logrado olvidar aquel Mundial. Ansiaba que el equipo de Bell destrozara a los demás equipos, y eso no ocurrió. Camerún, aunque finalizó en lugar decoroso, fue eliminado. Pero a partir de entonces descubrí que el fútbol, ese gran deporte, empezaba a envolverse en los brillos mediáticos del espectáculo. Se me antojó que la propia maquinaria de los poderosísimos equipos empezaba a trivializar las cosas, a reducir las figuras, las hazañas, incluso las ideas (la gran idea de un soberbio juego), al terreno de los millones y el faranduleo. Y aunque entre los famosos abunden los negros y mulatos, y aunque la semilla de los mejores jugadores germine en los barrios mestizos de países como Brasil, Colombia, México o Argentina, tengo la sensación de que esos grandes equipos tienden a la vanidad, y que a los jugadores, tan pronto los contratan, los envuelven sutilmente en esa estética banal: los “blanquean” y uniforman en sus gustos, en sus gestos, en la mirada que arrojan a la vida. No es secreto que, en este proceso, los ídolos de las favelas comienzan a copiar modelos blancos, globalizados, huecos y derrochadores. Emulan a tipos como Beckham, que podrá ser magnífico en el terreno de juego, pero que ha demostrado que la genialidad con el balón no impide que un jugador, como persona, sea un vulgar monigote. En esta época de espanto y miseria, en este desgarrado año que estamos por finalizar, ¿quién puede sentir simpatía por esos dos seres, el jugador Beckham y la flor de bubble gum en la que engendra a sus hijos? 

Alguien dirá que sangro por la herida; por la herida del béisbol. Quizá sea cierto. Mi carrera periodística comenzó en el dogout de un estadio de pueblo, en el norte de Puerto Rico. Allí venían, hace 30 años, las estrellas de las Grandes Ligas para jugar béisbol invernal, que era -y sigue siendo- un juego de osos. Me refiero a que los peloteros, tipos robustos, pero de carne y hueso, con un poco de panza y abundantes nalgas -casi todos son nalgudos- pasaban demasiado calor en nuestro esmirriado diciembre tropical, y entonces sudaban, escupían, se olían los sobacos y masticaban una bola de tabaco infernal. No eran los protagonistas de la publicidad andrógina; no se peinaban con trencitas de Lolita húmeda; a muy pocos les gustaba el figureo, y eran toscos, carajo, de un machismo rudimentario y abierto: se rascaban los huevos antes de lanzar un “bombo” al pitcher, y ni soñar con que aceptaran anunciar una crema para las arrugas. 

Tomado de Lo que me entristece del fútbol, de Mayra Moreno. 
Publicado en SoHo, Colombia. 
http://www.soho.com.co/deporte/articulo/lo-que-me-entristece-del-futbol/6821 

 

TEQUILA

El tequila no es para los hombres de mar
porque empaña los instrumentos de navegación
y no obedece a las tácitas órdenes del viento.

Pero el tequila, en cambio, es grato a quienes viajan en tren
y a quienes conducen las locomotoras, porque es fiel
y obcecado en su lealtad al paralelo delirio de los rieles. 

—Álvaro Mutis. En: Estación México. Taurus, 2011

Quino (2004) Qué presente impresentable, Buenos Aires, La Flor. 

Quino (2004) Qué presente impresentable, Buenos Aires, La Flor. 

Los fines justifican los medios en el mundo de la ciencia. Galileo hizo tanto uso de mentiras, distorsión de datos y propaganda como de las observaciones hechas con el nuevo telescopio que había inventado.

Galileo prevalece por su estilo y sus astutas técnicas de persuasión. Así, si los científicos ganan discusiones usando las mismas herramientas que todos los demás, la verdad científica no es más sólida que la del astrólogo, el lector de la palma de la mano o el místico.

La ciencia, y en particular la ciencia institucionalizada, no es más que un fenómeno histórico; el dogma científico puede incluso ser peligroso; la sociedad debería romper el hechizo de una ciencia totalitaria.

¿Un libro? Sólo un par de páginas para contener el mundo.

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Los viajeros: fragmentos, múltiples…
esmerine:

Hablando de Calvino… (para @ariadna502)
tamburina:

Matej Andraž Vogrincic’s installation “When on a Winter’s Night a Traveller.” 

Los viajeros: fragmentos, múltiples…

esmerine:

Hablando de Calvino… (para @ariadna502)

tamburina:

Matej Andraž Vogrincic’s installation “When on a Winter’s Night a Traveller.”